Los movimientos militares de la Federación Rusoasiática cerca de la frontera de Irán han puesto en alerta, y no sin razón, a las grandes potencias internacionales. Los dirigentes de Estados Unidos y la Unión Europea consideran el despliegue de las tropas de la Federación una amenaza que puede hacer peligrar la estabilidad de la zona pues temen que Leonid Barsky intente hacerse con el control de los pozos petrolíferos de Irán usando la fuerza. Por su parte, el ejecutivo ruso-asiático se defiende y argumenta que la concentración de tropas en su frontera sur se debe a unos ejercicios militares que buscan lanzar una señal intimidatoria al Gobierno de Teherán.
Sea como fuere, en los últimos meses la tensión en el área ha ido en aumento y cualquier movimiento en falso, declaración subida de tono o torpeza política puede encender la mecha y hacer estallar un nuevo conflicto armado de consecuencias imprevisibles pero presumiblemente trágicas. En las últimas décadas, la capacidad militar de las distintas regiones ha crecido de manera exponencial con los nuevos avances tecnológicos hasta el punto que cualquier estallido violento supondría una verdadera catástrofe para el planeta. Por ello, es necesario que las principales potencias mundiales traten de alcanzar consensos sólidos y eviten una confrontación armada que pueda poner en peligro millares de vidas.